El Chaltén: se hace camino al andar



La provincia de Santa Cruz atesora uno de mis sitios predilectos; El Chaltén.
Enclavado dentro del Parque Nacional Los Glaciares, Sección Lago Viedma, fue fundado en 1985 para ejercer soberanía nacional. Hoy, destaca por ser la Capital Nacional del Trekking y meca de andinistas, escaladores y caminantes.


Llegué allí por primera vez en el año 2000, y luego regresé un par de veces, siempre atraído por la paz que transmiten sus glaciares, lagos, lagunas, infinidad de senderos y sobre todo, la magnética presencia de los cerros Fitz Roy, y Torre.


En dicho territorio, la naturaleza se goza a través de una rutina saludable: las caminatas. Pueden ser de una hora, seis horas o media jornada, hasta expediciones semanales por los Hielos Continentales. Todas opciones válidas para ejercitar, oxigenarse, y disfrutar la vida al aire libre.


Los trekkings más exigentes, que son auténticos desafíos, invitan a adentrarse en los cerros Fitz Roy o Torre y provocan una verdadera fiesta a los sentidos.  El circuito Laguna de los Tres, de media jornada, tributa una experiencia inolvidable.

Va del pueblo al mirador natural de la Pedrera, en el cerro Fitz Roy, desplegando un sinfín de bosques, arroyos, lagos, ríos, glaciares y picos nevados. A mitad del recorrido la Laguna Capri, que refleja en sus aguas el cerro, añade más hermosura a todo lo mencionado.

  
Al cabo de horas de travesía, donde es usual cruzarse con algún que otro caminante o alpinista, se llega a Río Blanco (campamento para escaladores) donde comienza el ascenso más difícil. Allí el viento sopla bien fuerte, acaso como guardián del cerro intentándolo proteger  de visitas molestas. A no dejarse caer y a darle para adelante, porque llegar a la Pedrera y quedar de frente al cerro, recompensa todo esfuerzo realizado y por realizar. 


Arriba, donde se siente que vale la pena estar vivo, sobresalen el Fitz Roy; las agujas Poincenot, Saint Exupéry, Mermoz y Guillaumet; los glaciares Sucio, Río Blanco y De los Tres; y las Lagunas Sucia y De los Tres. Nombres de formas y colores en tonos arrayán, escarlata, granate, celestial, blanco y esmeralda que hipnotizan. 


Al contemplar en 360º el acogedor entorno, las horas pasan volando mientras se comprende la propia pequeñez en medio de la Creación. 


Antes que el sol caiga es ideal emprender el regreso, bajo la atenta tutela del Fitz Roy, para volver a ladear más montañas, lagos, cascadas y arroyos, hasta llegar al pintoresco pueblo joven. Tras coronar esta vivencia fantástica, que invita a superarse a cada paso, el espíritu queda reconfortado por completo. 

Y así todo es por aquí. Plenitud a cada segundo, minuto, hora, día, semana y año.  
Por eso hoy compartí con ustedes El Chaltén, un lugar de Argentina que mientras se hace camino al andar, genera bienestar en el alma.

Argentina: la buena senda



Argentina cuenta con infinidad de destinos donde la naturaleza es gran protagonista.
Dichos lugares, tienen la particularidad de conectar de inmediato con la esencia, propia y ajena. 
En tiempos de tanta búsqueda espiritual, sin ser gurú, recomiendo viajar a estos sitios, ya que detenerse a observar la obra del creador, un ejercicio poco frecuente, implica cultivar el espíritu.

Tafí del Valle, enclave cuyas imágenes agigantan lo natural, empequeñeciendo al hombre, es ideal a tal fin. Recorrer sus sendas, inmortalizadas por Atahualpa Yupanqui, generan bienestar y enriquecen el alma.

El trekking al Cerro de La Cruz, es la primera muestra. La caminata lleva por la avda Perón hasta un puente, donde se debe girar a la izquierda, para luego desandar el cerro hasta su cima. Arriba se distinguen cumbres onduladas, nubes al alcance de la mano, hilos de río surcando la tierra, el dique como un oasis, y un valle radiante contenido entre montañas, formando un conjunto espectacular.

Otros miradores que cumplen la misma premisa son La Quebradita y Pinar de los Ciervos. Al primero se puede llegar a pie desde el pueblo y aporta una vista impagable de la fecunda cuenca que alberga a todo Tafí del Valle.

El segundo, al que es recomendable llegar en vehículo, concentra un cuadro espectacular: allí un poncho de nubes blancas cubre todo Tafí del Valle, y sólo deja asomar la cima de los lejanos cerros Ñuñorco y Muñoz, como únicas referencias visibles entre cielo y tierra. 
Cada mirador, resulta perfecto para contemplar y comprender el legado de la creación.

Tafí del Valle, además, propone capturar sus paisajes imborrables de manera activa a través de cabalgatas y mediante travesías 4x4.
Las cabalgatas, muy usuales en la zona, son un buen modo de disfrutar el entorno. Las hay de un par de horas, media jornada y día enteros, y todas,  regalan una experiencia inolvidable. Cabalgar las huellas de los cerros, estrechas y largas, entre cimas curvadas, provocan que el jinete extasíe ante lo que se presenta a la vista. 

Las travesías 4x4, por su parte, dan la vuelta a todo el valle, escalan faldas de cerros circundantes y costean lechos de río, permitiendo conocer rincones de gran belleza, gozando la aventura.

Antes de partir, resta visitar la villa veraniega El Mollar, situada 10 kms al sur de Tafí del Valle. Guarecida por el Cerro Ñunorco, invita a gozar las aguas del Dique La Angostura, el lago artificial más alto de Argentina, y la Reserva arqueológica Los Menhires, donde yacen  figuras monolíticas talladas hace más de 2500 años, señalando fecundación y fertilidad.
En cada sendero, queda claro, Tafí del Valle trasmite paz y armonía. Razón válida para  descubrirlos, y gozar el verdadero arte de vivir.

segovia:jamón jamón

España regala diversos destinos turísticos repletos de atractivos: uno de ellos es Segovia.
Esta localidad, perteneciente a la Comunidad de Castilla y León, es Ciudad Patrimonio de la Humanidad UNESCO, y en ella sobresalen su acueducto romano, la judería, el Alcázar y sus jardines, el monasterio de San Antonio el Real, la Catedral de Santa María, las murallas que guarecen el casco antiguo, y las fachadas de algunas viviendas.
Resulta agradable pasear por sus callejuelas y descubrir cada uno de los rincones mágicos que la dotan de esplendor.
Además de todo ello, que puede disfrutarse en una corta excursión, Segovia destaca por su gastronomía, ya que allí, sin dudas, se come uno de los mejores cochinillos del mundo. Un imperdible.
Al sentarse en alguno de los tantos mesones que condecoran la ciudad, el comensal degusta un excelente cochinillo, que como curiosidad, lo trozan con un plato. Un manjar.
Así, Segovia amerita la visita por todo lo que regala a los ojos, y por el placer que causa disfrutar su exquisita gastronomía.

México:pandemia

En un posteo anterior comenté lo sucedido con el terremoto vivido el 10 de Diciembre de 2011 en el Aeropuerto de México. No fue la única vez que tuve una experiencia nefasta en dicho lugar. Unos años atrás, fuí por trabajo a dicho país, cuando la locura por la Fiebre Porcina se instalaba en todo el mundo.
Tomadas las medidas preventivas como usar tapabocas y gel bacteriano, tomé mi vuelo hacia el Distrito Federal donde debía permanecer en el Aeropuerto por casi tres horas, ya que iba a Acapulco, invitado a una nueva edición del Tianguis Turístico. Cuando bajé del avión me coloqué el barbijo y me dirigí a la zona del embarque para mi próximo vuelo. Me sorprendí al notar que no todos los que caminaban alrededor la enorme terminal aérea hacían caso de las recomendaciones sanitarias, y además, caía en la cuenta que ninguna autoridad me brindo algún folleto informativo o algo que se le parezca en mi arribo. Mientras, las imágenes de centenares de pasajeros con sus barbijos situaban en post guerra con pesticidas y la tensión iba en aumento ya que las noticias empeoraban la cosa. Antes de embarcar volví la vista atrás, y me quedé con todos esos rostros semiocultos y miradas que denotaban angustia. El vuelo hacia el balneario encontraba a casi todos los pasajeros con el tapabocas puesto, y a todos devorándose periódicos en busca de la información, e implorando para sí por la panacea. Ya en Acapulco comencé a distinguir que cada diez personas, por ahí encontraba a una con su rostro a cubierto de la nueva odisea universal.
Una vez alojado en el lujoso Hotel Fairmont y caminando la playa del Revolcadero, sentí que la paranoia sobre el virus A (H1N1) había quedado atrás, allá en el DF.
Por la noche y en días sucedáneos, el contacto con mi mujer, familiares y amistades me marcaba que ellos estaban más alertados y preocupados que yo sobre la situación reinante en México.
A cada uno le trasmití conclusiones que había sacado de lo leído, visto y oído en distintos medios mexicanos, diciéndoles algo así como que todo esto era para tapar el tema de la crisis global, también el creciente desempleo en México y sobre todo, para reactivar los laboratorios y la debilitada economía mundial. Algunos se tranquilizaron y yo más, ya que con el respeto a debido a las víctimas, escribo todo esto de la fiebre porcina, que me pareció una auténtica cochinada.

México: Hasta que pase el temblor

Acabo de regresar de mi quinta visita a México, y como se ve en las imágenes, podría hablarles sobre mil cosas de dicho país que acaparan la atención.

Tendría que arrancar con la hermosura de las playas de Tulum y sus impresionantes ruinas arqueológicas: únicas sobre el mar. Podría seguir con el culto a la Vírgen de Guadalupe, La Morenita, que convoca hoy 12 de diciembre a miles de fieles que peregrinan al santuario ubicado en la capital mexicana; o bien hablarles de los mariachis, sus vestimenta y música, o porque no, de la manera que se toman a la muerte en esta nación.

Sin embargo, debo omitir todo ello, y narrarles lo vivido el Sábado 10, a las 19.47hs, en el Aeropuerto Internacional Benito Juárez, del Distrito Federal.

Debía tomar mi vuelo de regreso al país a las 1930hs, pero la aerolínea postergó el mismo hasta las 21hs. Cuándo me dirigía hacia el embarque, noté gente corriendo desesperada, y que los estantes el free shop se sacudían de un lado al otro.

En ese instante, una sirena anunciaba que un sismo, de 6,8 escala ritcher, según me enteré después, estaba haciendo de las suyas. Con un mareo impresionante a cuestas, y algo de susto también, alcancé a parapetarme bajo las vigas de un local de maquillajes Mac, a la vez que pregunté al empleado que debía hacerse en estos casos.

Entendí, ante su huída despavorida, que además de rezar, poco puede hacerse ante la furia de la naturaleza. 
Estando a la buena de Dios, y sin que nadie diga cómo actuar en estos casos, o bien hacia dónde evacuar, sentía a mi alrededor cómo el piso ondulaba, y que tal vez no contaría el cuento.
Por eso comparto esta historia con ustedes, ya que puedo contarla. Gracias a Dios.